Regresé ayer por la tarde a Guatemala. Dejé las cosas en casa y me marché a dar un paseo para estirar las piernas. Los mismos adoquines, las mimas pocas farolas y las mismas sonrisas en el parque... nada a cambiado.
Esta mañana de domingo ha empezado a las 5.30. No se si el desfase horario o las cosas que tenía por la cabeza...
A las 8 y pico estaba ya en el centro con los últimos prerativos para la visita del Príncipe. Después de un "feliz año, que tal todo?", Wendy ya estaba con los dossieres de prensa. Nos pusimos un poco al día, medidas de seguridad y punteo de periodistas. Todo ha sido rápido, unos 40 minutos. Ha sido divertido.. en serio!
Ya os contaré más...
Aquí tenéis una de las fotos.
AB
Lunes 14, 9.46
Por cierto, la Navidad ha ido bien... ha habido tiempo para la familia, para los amigos y para Isa; estas tres semanas, aunque se ha pasado volando, me han servido para confirmar mis sospechas: soy como una rana, cada tanto necesito volver a la charca para estar con mi gente... vamos, que se necesito tener siempre hasta arriba el depósito emocional.
Ha habido sorpresas, buenos almuerzos, tapas con amigos,copas, merendolas familiares, excursiones al campo y a la sierra, frío (hasta -4!), regalitos (gracisa a todos!), recién nacidos, embarazos, adelantos de bodas, cine, confesiones inconfesables, ratitos de cariño y alguna noche nostálgica entre amigos recordando nuestra historia. Pero ha pasado muy rápido el tiempo y no ha habido tiempo de otras muchas cosas que debía o me apetecía hacer. Este año ni siquiera envié mails para felicitaros la Navidad o el Año Nuevo... aprovecho desde aquí, antes de que sea más tarde!
Y ya estoy de vuelta! Preparado para seis meses de trabajo más tranquilo (eso espero!), más cerca de Isa y con varias visitas programadas (aprovechad, esto es un paraíso...).
Será divertido.
domingo, 13 de enero de 2008
La vida sigue igual...
jueves, 20 de diciembre de 2007
78 días, fin de la primera parte
Estos días han sido de convivios y curro... mucho vino y mucho estress! En el sorteo de regalos de proveedores me tocaron seis botellas de vino y una cafetera (que ya tiene segundo dueño!)
Hoy me desperté a las seis, tengo muchas historias que cerrar antes de ir al aeropuerto! Ya más o menos estoy... pero siempre salen cosas de última hora!
Por cierto, para más inri, me acaba de llamar Evelyn (nuestra recepcionista) para decirme que está aquí mi admiradora! Me esperan, a pesar de que les haya dicho que estoy reunido y que me voy volando para España! gggrr!
En fin... en un rato, engullo algo y voy corriendo para el aeropuerto. Mañana cañas en Madrid a partir de las 21.00! Estoy en el móvil!
Feliz Navidad!
Alejandro
lunes, 17 de diciembre de 2007
Atitlán, lago entre montañas verdes
El sábado por la mañana, después de la fiesta de "fin de temporada" del Centro Cultural de España en la que no faltaron los shucos, los tamales de pollo, el ponche y la buena música de la orquesta de bodas "Tabaco" (mención especial a la lotería popular que contó con un seguimiento inusitado entre todos los asistentes...), agarré la camioneta y me encaminé al lago.
Fueron casi cuatro horas de divertida tortura, pero llegamos sin problemas. El plan, en principio, era hacer una fiesta con la gente chapina de las mancomunidades del curso que hicimos con alcaldes, pero acabé en San Pedro de Atitlán rodeado de españoles.
El atardecer fue estupendo y el Hotelito El Amanecer, que encontramos de casualidad, también fue perfecto. Lo de la hamaca frente a tu habitación mirando hacia el lago fue increíble. Además, esta hamaca debía tener pilas, porque apenas te mecías un poco ya se ponía en marcha por un rato.
Por la mañana el agua estaba fría, muy fría. Meter los pies en esa arena negra fue un suplicio, pero poco a poco me fui acostumbrando. A medida que vas avanzando, la arena se vuelve tierra dura y, un más adelante, fango. Entonces te paras. Tu pie se va amoldando y notas como diminutas burbujas de aire empiezan a subir a la superficie. Ahí empieza tu intercambio de energía con el lago. Sientes como te vas hundiendo, como la presión de tu cuerpo libera parte de lo que el lago retenía.
Llega un momento en que no sigues hundiéndote. El equilibrio que alcanzas es directamente proporcional al placer que te produce estar a las nueve de la mañana metido hasta la cintura en el agua, rodeado de montañas verdes, con un silencio absoluto que apenas interrumpen algunas olas que llegan a la orilla.
Respiras hondo, muy hondo. Son muchas las cosas que te vienen a la cabeza, pero logras abstraerte y concentrarte en sentir únicamente la pureza del aire, sin reparar en la temperatura del agua.
Me habréis escuchado ladrar a menudo en contra del gobierno, la farfolla, el amor y sus derivados, los flipados y los que dicen energía cuando quieren referirse a drogas. El lago es un sitio de mucha energía.
El desayuno con huevos revueltos y frijoles siguió equilibrándome el karma y me desparramé en una esterilla a disfrutar del solecito de media mañana.
Con las pilas recargadas, cuatro horas de camioneta y un par de horas en la oficina, llegué a casa con el tiempo justo de meterme en la cama antes de perder el punto justo de cocción mental que me acompañó durante el fin de semana.
Esta mañana, al despertarme, me di cuenta de que se me había pasado el arroz... se me ha ido el día volando, sin oportunidad de avanzar con todo lo que llevo encima. Lo que en mi pueblo siempre se ha llamado "empanao"...
Tanto equilibrio energético para quedarme hoy seco. Está visto que los días tirados a la bartola producen síndrome de abstinencia.
Ya tengo la mochila preparada, no vuelo hasta el jueves pero la semana que me espera es de aúpa: mañana convivio en el Porta, el miércoles almuerzo de navidad en el centro y por la tarde la recepción de la embajada... así que espero llegar al avión hecho un trapo, dispuesto a pegarme catorce horas sobando para llegar a España con fuerzas para achucharos a todos.
El viernes estaré en Madrid tomando cañitas con quien se acerque!
Un abrazo,
AB
jueves, 13 de diciembre de 2007
El Pueblito: niños, piedras y corazones abiertos
El Pueblito es una aldea de Santa Catarina Pinula, a 9 km de Ciudad de Guatemala, separada por una carretera de una colonia exclusiva donde la vara de terreno (unos 92m2) está a nosecuantos mil dólares.
Las casas mejor preparadas están a la orilla de la carretera, a medida que vas callejeando descubres un sinfín de construcciones de de madera y lámina en las que en un único espacio conviven un camastro para todos los miembros de la familia con una cocinilla, en el mejor de los casos, y algún mueble desvencijado que usan como armario.
La Fundación Contexto trabaja allí con unos 82 niños, con edades entre los 8 y los 14 años. Belia de Vico, vallisoletana afincada en el país desde 1964, es su alma máter (prometo post aparte en breve, la historia es increíble!).
Los protagonistas de esta historia son María, Jocelyn, José Víctor, Valentín, Samuel, Diana, Cristina, Edwin y Miguel. Con ellos me he pasado toda la mañana. Participan esta semana en un taller audiovisual de educación en valores que se imparte en el centro; pero hoy se fueron hasta allí para grabar su lechería, sus casas, sus familias, sus palos y sus piedras.
La lechería es, como su nombre indica, una antigua lechería que un ricachón de la otra parte de la carretera ha cedido a la fundación para sus clases. Allí van una tarde a la semana, aunque la lluvia embarre el camino, para sus clases de arte. Aprenden acuarela, óleo, escultura en yeso y hasta grabado en madera; pero lo más importante es que canalizan su creatividad, vomitan su vida interior en obras que les ayudan a abordar el conflicto, la tolerancia y el respeto; catalizando su pensamiento y viviendo una auténtica catarsis emocional que les empuja a seguir.
Paréntesis para explicar que el trabajo de la fundación no queda aquí. Además de su implicación en el desarrollo de inquietudes artísticas como liberación, beca a los alumnos más necesitados para que no abandonen los estudios básicos y puedan continuar, al menos, hasta secundaria. Amén de bolsas de estudio, pago de inscripciones en colegios públicos locales y ayudas familiares puntuales.
En la lechería llama la atención un cartel al fondo que dice: "Yo quiero, yo se, yo puedo", recordatorio diario de que podrán alcanzar las metas que se marquen. Como parte del escenario y, seguramente, instrumento de trabajo hay dos siluetas humanas metálicas que se utilizan "para entrenarse a balazos".
Allí almacenan sus obras. Cristina nos contó por qué su cuadro era negro desde la distancia... a veces nos pasa a todos, pero ella quería que la gente se acercara más y viera como, en realidad, hay elementos en su pintura que de otro modo no se apreciarían. María y Valentín también sorprendieron por su talento... y la obra de José Víctor, al que le "encantan las arañas!"
Nos paramos en el grabado de Olga, que se seca al aire. ¿Tema? Violencia en la familia. Muestra un cinturón en movimiento con una botella de Venado (puro alcohol). Su padre, alcohólico y violento, está ya lejos... pero lo pasaron mal.
Fuera esperan los "chuchitos" de la abuela de Samuel; la "chucha" acaba de parir a siete cachorritos. Como siempre, hay uno "bien gordote" y otro "más flaquito".
Seguimos por la carretera, camino de sus casas.
Primera parada: Cristina. Su madre trabaja en la capital, sólo la ven durante el fin de semana. Mientras, hay alguien que se encarga de cuidar a los más pequeños. Daniel Alejandro, de dos años, tiene ganas de jugar. Se dirige a mí mostrando su espiral amarilla con un "acid" en negro. Mete su pequeño dedo dentro, yo meto el mío. Siente cosquillas y ríe. Ríe con ganas, apretando su cara y con carcajadas de bolsillo que liberan su ansia de compartir sus juegos con alguien.
Mientras Rosa, de unos cinco años, lava la ropa en el lavadero. Restriega mientras sonríe a la cámara.
Hace dos años que se separaron de su padre, pero Cristina recuerda con tristeza que su hermano escogiera quedarse con él en Atitlán: "escogió el dinero, en vez de la familia", afirma cabizbaja. Desde entonces viven aquí, tienen esto en alquiler:
En casa de María conocemos a su madre, y ella nos cuenta cómo le gusta jugar con los perros y los gansos. Su loro mira extrañado, mientras un pavo criollo (chompike) se pasea inmutable.
José Víctor quiere grabar a uno de sus tres pastores alemanes; después Valentín le graba en uno de los sitios donde le gusta pasar el tiempo: su jardín.
Los abuelos de Jocelyn y Miguel fueron los cuidadores de esta finca, pero ya "tienen doce años de ser ellos los cuidadores". Viven allí en casas de adobe, Miguel nos enseña los "palos frutales" que tienen y sus primos juegan en un lavadero roto, viejo y abandonado.
Valentín nos enseña orgulloso el almacén de leña de su abuelo. Él juega ahí, su abuelo vende leña desde hace "cincuenta años". Está ya preparando el belén.
Samuel tiene tres hermanas y un hermano pequeño. Su madre cuida de ellos, su padre remienda zapatos que entre todos van recolectando por El Pueblito. Los que se pueden vender, se venden... los tienen remiendos demasiado evidentes los usan ellos. Todos están escolarizados, su madre agradece el trabajo de la fundación. Todos duermen en ese camastro, viven sin luz ni agua. Ni falta que les hace: ¿cómo echar de menos algo que nunca has tenido?
En uno de los barrancos vive Edwin, que nos presenta a su abuela y a su primo. Su padre era marero, el año pasado murió en una pelea. Hace ya un par de años que no viven con él; en este tiempo, su madre ha tenido otro hijo con otro hombre. Es este segundo hombre quien se ha preocupado por mejorar la casa. Edwin afirma valiente delante de la cámara: "De mayor quiero trabajar para poder comprar una casa a mi abuela y otra a mi mamá". Antes de marcharnos, nos pide que le grabemos encaramado al palo del níspero, su preferido.
Esta es la vista de la casa, del patio y del barrio. Detrás la letrina, que chorrea lentamente camino de la casa.
Es tarde, son las 22.14. Llevo una semana con jornada de 14 horas y hoy el día ha sido largo. Me gustaría poder contaros mejor lo que hemos vivido, lo que nos han enseñado, lo que nos han echo sentir... pero espero que las fotos puedan daros una idea de lo cómo viven, qué hacen y qué les espera. He visto mucha voluntad, mucha madurez en niños que apenas han llegado a su juventud.
Se merecen oportunidades, las mismas que hemos tenido nosotros para estar a este y al otro lado de la pantalla.
¿Lo mejor? El proyecto está en marcha, funciona y hay lista de familias a la espera de una beca. Es sólo una cuestión de dinero. Exactamente son 450$ al año para que puedan estudiar en el colegio, unos 307€ al cambio de hoy.
¿Nos lo podemos permitir? Interesados, contacten con la fundación o conmigo mismo.
Os dejo con la justificación de Marneth (15 años). Impresionantes palabras sobre la libertad y sobrecogedor grabado.

Nos veremos pronto. Un abrazo a todos.
AB
miércoles, 12 de diciembre de 2007
Hasta los balones
No entiendo cómo hay quien se empeña en ajustar la máquina hasta que revienta, acogiéndose además a la "voluntariedad gratuita" de nuestra actividad y sin tener en cuenta contextos y coyunturas.
Mucho curro y muchas historias, pero el tiempo no se estira. No existen las horas extras... veremos.
Oigo, apunto y tomo decisiones: mañana me voy de visita a El Pueblito.
Os va a gustar!
AB