lunes, 28 de enero de 2008

Habemus domus: se reciben huéspedes

Sí, por fin... He perdido unos meses estupendos intentando encontrar algo bueno, bonito y barato en Antigua, pero no ha sido posible!

Cuatro meses después, tras la posibilidad fallida de quedarme donde vivía ocupando la habitación de David si se marchaba a Buenos Aires, he acabado alquilando uno de los apartamentos que visité en mis primeras semanas aquí.

La conclusión... pues mientras antes te decidas, mejor! Cualquier habitación con baño y fogón en Antigua te cuesta medio riñón, si quieres algo más decente o pagas, o te vas a castroculo.. pero ni por esas! Lo que encontré en las afueras, a algo menos de media hora de la oficina a pie, estaba sin amueblar, era en casa de una familia o tenía el tejado de plástico.

Así que he acabado en un apartamento de un solo ambiente, con un rincón de cocina y un armario-baño estupendo. La renta? más de lo que pensaba, pero puedo pagarlo, obviamente.

Es pequeñito, pero acogedor! Ahora necesito un tiempo para acomodarlo, organizarme y disfrutar unos días de la independencia... pero en un mes estoy listo para recibiros! Ya he recibido la primera candidatura desde el Lago de Izabal, hablamos!

También está confirmada la visita de una pareja estupenda en marzo (en Semana Santa...), así que.. hagan juego, señores!



AB

domingo, 27 de enero de 2008

Sábado completo, con dos hielos

Me desperté temprano, ya he cogido el hábito, y me fui al mercado. En realidad mi plan era pasear por las afueras de Antigua, para ampliar mi conocimiento del terreno (algo básico en los animales es conocer su entorno y marcarlo, no?); así que con mis tomates (a queztal la libra, oiga! baratísimos!) y mis aguacates (a 15 quetzales la mano...), me puse en marcha.

Subí por la nueva cuesta empedrada que da acceso a la zona 4 y 6 de San Felipe de Jesús. Una zona angosta, de calles de terracería y gentes sonrientes. Todo en silencio. Pequeñas ventanucas con algún logotipo de Pepsi, Tortrix o Salvavidas servían de tiendas de desavío. Una cuesta de bajada muy empinada llegaba hasta el hospital nacional Pedro de Betancourt.

Siguiendo mi camino, pasé por el mercado de San Felipe, la finca Filadelfia, y una tienda de bicicletas usadas en la entrada de Jocotenango. Desde allí, callejeando entre artesanos de la madera, llegué hasta la plaza de la iglesia que tantas veces había visto desde la camioneta.

Regresé a Antigua por la calle ancha de los Herreros, donde está el JocoFut y el restaurante de Christophe.

Después de tres horas de paseo, al llegar a casa me encontré con Sindy, Mariajosé y su novio que habían venido a recoger a María para irse a las fiestas del pueblo de Mariajosé (sí, así.. todo junto!) "Se quiere venir, usted?" dijo Sindy desde el carro... y allá que me fui.

Curvas, reaggeton y conversaciones intrascendentes. Llegamos a San Andrés de Itzapa antes de que saliera la procesión de la Virgen de la Concepción. No teníamos muy claro a qué íbamos, pero cuando regresabamos por la noche estaba bastante claro: una celebración de carnaval en toda regla con un toque mariano para tratar de evitar la inevitable victoria de don Carnal.

El desfile empezaba con un camión (sí, un camión) sobre el que habían montado a la Virgen de Concepción entorno a un niño en silla de ruedas, otro en una camilla y otro con muletas. "Salud de los enfermos", se podía ver en los costados. Le seguían otras carrozas con la Virgen de Guadalupe, la Anunciación y el Nacimiento... todas protagonizadas por niños encarnados en los papeles de María, Jesús y el angelito. Divino.

Después llegaban otras rancheras cargando altavoces enormes que ponían la música al baile que, con mayor o menor gracia, se marcaban los grupos de amigos y familiares que seguían la procesión. Payasitos, animales de la selva, hindúes, árabes, santa claus travestidos, bailarinas travestidas, jugadores de futbol travestidos.. sí , al final abundaban los travestidos! ;)

Tres vueltas eran las de rigor para que todo el pueblo disfrutara de la fiesta, que acababa como a las seis de la tarde en las puertas de la catedral. Divertido, cada cual con lo suyo. Todos lo pasaron bien, pero aún no he encontrado una explicación razonable a la no participación de vecinos indígenas en la fiesta: no les gusta disfrazarse? no comparten la fe católica y por eso se quedan al margen? no tienen plata para los trajes? disfrutan viendo al resto y no necesitan someterse al ridículo del travestido? booh?

La familia nos acogió con los brazos abiertos. Almorzamos estofado, arroz y verduras acompañadas por jugo de chicha (un zumo difícil de explicar..) Todos muy amables, gracias!

De vuelta a casa, David estaba saliendo con Telma, Rosina y Jorge.. cena en el café Flor, a media cuadra del parque central. Una cena agradable, todos juntos después de las vacaciones, que acabó con los trucos de magia de un tipo genial (tanto con los nudos y las cuerdas como con las cartas) y con la histriónica interpretación de Jose (el dueño del local) al piano... Un chupito de mezcal y otro de tequila coronaron la velada.

Pero no acabó ahí... nos fuimos a nuestro particular centro de fiestas con cañonera, cojines y servicios básicos. La vergüenza ajena es un sentimiento que aflora cuando ves a un grupo arrodillarse ante una proyección en video de El Buki, uno más de la familia...

Fui el primero en abandonar la fiesta, quizás por la falta de alcohol en vena, el desinterés por movimientos subculturales musicales y la frustración al ver a qué podemos llegar con la edad... para qué?

"No hay necesidad..." escucho en mi casa desde pequeño.

Paseo, cultura popular y acercamiento a movimientos futuristas algo deprimentes. Un sábado bien completo.



AB

viernes, 25 de enero de 2008

Final de otra semana...

Por fin viernes! No es que haya sido una semana dura de trabajo... pero entre la subida al volcán y la búsqueda de casa, he caído todas las noches rendido!

Lo del volcán estuvo bien. El domingo me metí en la cama como a las nueve de la noche, el lunes a las diez y el martes, cuando vi el reloj, me escandalicé! Eran las 23.51 y aún no estaba en la cama! ;))

En esta semana, además de seguir con la lectura de Atxaga, me pasé un rato divertido con Gato negro, gato blanco, una de esas películas que tenía pendiente hace enones!

Ya cuento 15 días de la segunda época... en total, con interrupción navideña, son 93 días en este país. El señor Fogg ya llevaría tres días descansando en Londres después de haber dado la vuelta al mundo... eso me da que pensar!

Después de este tiempo, conociendo un poco el país y la gente, me voy resignando a soltar pasta por una casa... Las que están lejos son baratas (ninguna ganga!), pero están sin amueblar o tienen el techo de láminas (uralita...); y las que están cerca son caras (bastante caras) y pequeñitas... lo que llamarían los inmobiliarios "algo coqueto" o "cómodo de limpiar!"... ;)) Pero necesito mi espacio!

No pido mucho, simplemente no vivir en una casa ahumada por el tabaco.. por ejemplo!

El otro día tuve una conversación telefónica con una niña estupenda (una de tantas... gracias por la llamada!) y comentábamos la vida de algunos cooperantes.. como en todo, también en este campo "hay gente pa tó!", que diría el Gallo.

El especimen más fácil de encontrar, sin faltar a nadie y con ánimo únicamente descriptivo, es el que vive en una casa estupenda (ahí si que no puedo hablar muy alto, porque visto lo visto...); que tiene señora de la limpieza (María lleva trabajando en casa seis años, cuando vinieron los primeros jóvenes cooperantes a la casa...); que cenan en sitios caros, pagando tranquilamente 15€ en cada cena y saliendo fuera cinco veces por semana; enchufados continuamente a "cervecita, copita y porrito", a falta de uno.. doble de otro!; y con una facilidad asombrosa para intercambios físico-sentimentales, haya o no pareja estable de por medio.

Así descritos parece que esta profesión se define por el exceso... pero no, yo es que soy muy exagerado! Son los que más se ven, pero no son todos. No estamos hablando de vida austera coherente con los principios que rigen nuestra actividad... cada uno que haga lo que quiera; pero sorprende ver 4x4 de organizaciones públicas y privadas aparcados el domingo en Monterrico, o trenes de vida impensables en España y a los que se suben aprovechando la diferencia en los niveles de vida... Es cierto que tienes que tomar ciertas precauciones (básicamente por seguridad...) pero entre una cosa y la otra.. hay mucha distancia!

El objetivo último no es juzgar a nadie, no somos quienes, sino haceros ver que hay mucha gente trabajando en esto que tiene motivación, que no está aquí como podría estar en Cáceres, Sydney o Helsinki. Claro que bebemos cerveza!

Seguramente estas palabras se me vuelvan en contra sin haber siquiera conseguido explicarme bien, pero es algo que tenía en la cabeza desde que llegué y que, hablando con la tica, volvió a surgir.

Os pego un extracto y el link externo de un artículo sobre el "síndrome del dios cooperante", artículo que publicó Maricel Chavarría en La Vanguardia el 5 de noviembre, cuando la crisis de aquella organización francesa que intentó llevar niños a Francia de forma más que irregular. No tiene mucho que ver, pero está relacionado... (¿?) ;))

"Hay de todo en el mundo de la cooperación: hay quien se inicia por creencias religiosas; quien piensa que quiere llevar una vida alternativa a la sociedad de consumo; ésos son los utópicos que quieren cambiar el mundo. Luego está quien, tras veinte años en una oficina, se harta y se apunta porque lo ha idealizado, y otros muchos que huyen de fracasos matrimoniales, profesionales..."


Si la mitad de la gente de la agencia, por ejemplo, tuviera un compromiso real... esto sería otra historia! (esto va por las llamaditas que hice esta mañana...)

En fin, buen fin de semana a todos! Gracias por los mails y comentarios de esta semana... ;)))

Anoche hice una tortilla de patatas! ;))

Cuidaos,



AB

martes, 22 de enero de 2008

Retomando la vida en Antigua...

Los días pasan y cuesta retomar el ritmo... Antes de Navidad todo fueron carreras y noches de trabajo, así que supongo que ahora estoy con la resaca... me cuesta concentrarme.

Para el nuevo año tenemos muchos proyectos en marcha.. queremos hacer algunas mejoras en los materiales que utilizamos y habrá que poner en pie nuevas historias! A ver cómo se nos da...

Lo que me viene quitando el sueño es el tema de la casa... pero creo que lo solucionaré en los próximos días! Ya he empezado a visitar el cajero de vez en cuando para poder pagar mes de renta y fianza! Es cuestión de esperanza.. o no?

Hoy me he pasado la tarde contestando mails de "Feliz Navidad" y "Feliz Año"... más vale tarde que nunca! Creo que han salido unos dieciséis.. y queda alguno más! Ahora me voy a poner con una tarea que tengo atravesada y que tendría que haber entregado ya hoy.. además mañana perderemos la mitad de la jornada en la embajada para resolver los papeleos del voto como residentes temporales en el extranjero.

Voy poniendo en orden mi vida en Guate.. en cuanto tenga la casa, a llenar la despensa y a cocinar como Dios manda! Lentejitas, frijoles, ensaladas y tomate frito! Qué ganas de comer lo que sea con tomate frito! Sí, es algo fácil.. uno de esos tesoros de la vida sencilla, pero aún no he tenido la oportunidad de ponerme con ello!

Ayer empecé las clases de francés, así aprovecho las tardes de lunes y miércoles de 18,30 a 20,30... creo que hasta me dará para hacer algún examen oficial antes de irme! Así que genial!

Luego vendrán el yoga y el gimnasio.. ya tengo los pantalones para estirarme sin problemas y unas zapatillas de mi talla!

Cuando te falta gente, hay que rellenar el tiempo con cosas... Sería estupendo teneros aquí, pero no puede ser... o sí?? Ya hay un par de visitas programadas, alguien más se anima? Será estupendo hacer novillés por irme con vosotros por ahí a destapar sensaciones!

Por ahora me hacen compañía el Cuaderno de Nueva York de José Hierro (uno de los indispensables de Navas) y El hijo del acordeonista de Bernardo Atxaga, mi primer acercamiento al mundo vasco.



AB

domingo, 20 de enero de 2008

Acatenango, o cómo llegar hasta arriba sin morir en el intento

Eran las 9.03 cuando estaba recogiendo el saco de dormir que había alquilado. Luis Pedro me llamó desde la ciudad diciéndome que estaría por Antigua en una hora.

Además del saco, barritas de cereales, pasta con tomate, galletas, zumos y unos cinco litros de agua. Quizás demasiada comida, pero nunca se sabe... y si nos perdíamos y tardaban una semana en encontrarnos? ;)

Los compañeros de aventura era un puñado de treintañeros (ups!) amigos de Luis Pedro: Juan Pablo, Rodrigo y Hugo... todos casados, con hijos y con una aventura de fin de semana por delante. El más experimentado, Juan Pablo, era de un grupo de alpinismo en sus años mozos... ya había subido unas tres veces el Acatenango, además de otros volcanes como el Agua, el Pacaya o el Ipala.
Nuestro objetivo era el Acatenango, con sus 3.976m es el tercer volcán más alto de Guatemala después del Tajumulco (4.250m) y el Tacaná (4.092m). La última erupción fue en 1972, aunque hoy bien nos hubiera venido que escupiera un poquito de calor.

Empezamos a subir a las 11.40 de la mañana por la cara norte del volcán, por un camino de tierra, cansino y polvoriento, entre campos de cultivo. El sol, que brillaba por encima de la ladera, nos servía por entonces de guía.

Abandonado el camino, pasamos a un sendero de tierra compacta que zigzagueaba entre las raíces de los árboles y la sombra de los helechos. Debíamos llevar ya un par de horas caminando y el esfuerzo empezaba a notarse. Alguna foto, un trago de agua o alguna planta extraña nos servían de excusa para hacer un alto en el camino.

Una flor que nos llamó la atención fue la "manita del diablo", no podría tener un nombre más acertado.
En un rellano del camino habían construido una zona de descanso con maderas del lugar para reponer fuerzas. A las 14.30, la pasta con tomate que me había preparado por la mañana me supo a gloria. Los frutos secos fueron también el combustible necesario para seguir la caminata.

Hasta entonces no nos habíamos cruzado más que a un grupo de cuatro "cuates" que subían más despacio. Juan Pablo nos había advertido que donde dejó el coche había unos doce o catorce coches más, así que en la cumbre podíamos encontrarnos con un grupo numeroso de aventureros...
La zona de los pajonales es de las más curiosas, marca la frontera entre el bosque tropical con lianas, musgo, helechos y humedad que habíamos pasado y la zona de bosque de conífera con matorrales que nos esperaba. Al parecer, una plaga de gorgojos está matando parte de ese pinar... El paisaje se volvía desalentador: árboles muertos a nuestro alrededor envueltos en una intensa neblina que se nos había echado encima.

El cambio de temperatura nos obligó a encasquetarnos gorros, guantes y sudaderas. Después de cuatro horas de camino, llevábamos la mitad de la distancia recorrida, pero la dificultad aumentaba a cada paso. El frío se unía a la humedad de la niebla, que se condensaba en las hojas de los pinos y provocaba una leve llovizna.

Hugo ya había dado repetidas muestras de exceso de equipaje: unas 50 libras.. no se aún calcular en libras, pero llegamos a la conclusión de que equivaldría a más de 20 kilos. ¿Qué llevaba? Comida para tres semanas. Su mujer se había encargado de cargar esa mochila con manía (cacahuetes), latas de fruta, latas de leche condensada y latas de atún (los envases más pesados son las latas...), además de un par tuppers con sandwiches, cuatro litros de gatorade, galletas, dulces, barritas de cereales y zumos. Ejem...

A cada rato parábamos para pasarnos una de las mochilas de Hugo para ayudarle con el peso, pero ya estaba pinchado... la espalda le molestaba y el corazón se le aceleraba apenas intentaba coger ritmo.

Los tres en cabeza llegamos como a las 16.45 a la zona de tierra suelta. La vegetación fue desapareciendo poco a poco, apenas unos matorrales que orilleaban el camino. Al dar un paso, la bota se deslizaba sin darte tiempo a subir con el otro pie... un paso adelante, medio paso atrás. Cansado, como cuando intentas subir a lo alto de una duna en la playa.

El primer pico, el Yepocapa, nos recibió con un fuerte viento... más aún que el que habíamos tenido en el último tramo. La niebla, el frío y el viento, tres enemigos imbatibles en el cuerpo a cuerpo. Pasamos por el campamento donde se habían refugiado ya algunos que habían decidido abandonar hasta la mañana siguiente.

Nos abrigamos aún más, localizamos las linternas y emprendimos nuestra ruta por la Horqueta, paso entre el Yepocapa y el Pico Mayor, a las 18.05. El sol hizo un intento tímido de calentar nuestro último tramo, apenas unos segundos para despedirse hasta hoy.

Aún nos quedaba hora y media de camino. La luna, que superaba ya su cuarto creciente, nos iluminó suficiente para continuar nuestros pasos sin miedo. Cansados, con frío, con falta de oxígeno por la elevada altitud... pero sin miedo.

A un lado un cráter menor pero de gran profundidad; al otro, las luces de la capital, de Antigua y la silueta del volcán Agua. A los lejos, el rojo impresionante de los ríos de lava del Pacaya. Todo un espectáculo, una recompensa más a tantas horas de esfuerzo.

El último tramo, antes de coronar el Acatenango por la izquierda, volvía a ser de tierra suelta. Un paso adelante, medio atrás. En la peor de las ocasiones, cuando el cansancio no te permitía clavar bien la bota, retrocedías aún más en vez de avanzar.

Hacia las siete y media de la tarde llegamos a la orilla del cráter. Bajamos enseguida para montar las tiendas antes de que bajara aún más la temperatura.

Los cinco nos metimos en una de las tiendas, el calor humano era más que necesario. Cena sin lujos, pero completa.. incluyendo varios trozos de pizza que la mujer de Hugo le había metido en su picnic-pack!

Juan Pablo, que hasta entonces y por su condición de líder no se había quejado más que de su maltrecha rodilla, sufrió una bajada de temperatura espectacular. Ni dos barras de 400 kilocalorías ni las bolsitas que generan calor -esas que la gente utiliza para después del esquí- fueron suficientes para que entrase en calor.


Finalizado el convite, comenzó la juerga. Cansados y rendidos, nos metimos en nuestros sacos acurrucados por los rugidos del cercano volcán de Fuego, activo y en alerta amarilla.


La noche, hasta las doce y media, fue bien. Sin embargo, un viento envalentonado empezó a remeter contra la tienda, las paredes chorreaban agua que se había condensado y recibías un desagradable bofetón húmedo en mitad del sueño. El agua bajaba por las paredes de la tienda como por un paraguas, empezamos a acumular charquitos y nos acomodábamos en las posturas más increíbles.



Al tercer bofetón, metí la cabeza en el saco como tortuga en su caparazón... y así me pasé la noche, hasta las cuatro de la mañana, cuando decidimos dejar de intentar dormir y preparar algo de comida caliente.


La idea era ver amanecer, pero la niebla nos había castigado a tener un día londinense, gris y húmedo.


Frijoles, chocolate a la taza y hasta una sopa de sobre... el menú del desayuno fue variado para compensar la cena frugal de la noche anterior. Yo engullí un sandwich de jamón y queso, con el untado de frijoles volteados típico del lugar.


A las seis salimos a dar una vuelta. El viento empujaba nubes con violencia por encima de nuestras cabezas. Al salir a la orilla suroeste del cráter, era complicado mantener la verticalidad. El viento amenazaba con embaucarte y hacerte partícipe de su vuelo ladera abajo entre peñascos. Por un momento, resguardados entre unas rocas, el cielo se despejó por completo: ahí estaba la recompensa... el volcán de Fuego en toda su inmensidad. Frente a frente, a doscientos metros por debajo de nuestro punto de referencia.


Si hubiéramos tenido suerte, podríamos haber disfrutado de las vistas de toda la cordillera volcánica de Guatemala: el Santa María, el Tajumulco, el San Pedro, el Atitlán... se hubiera divisado hasta el Océano Pacífico desde allá arriba. Una pena, habrá que regresar.


Al concluir el espectáculo, me di cuenta de mi estado: los pantalones de pana mojados, el jersey con pequeñas gotas congeladas, y los guantes chorreando. Era el momento de recoger las tiendas, montar las mochilas y subir a la cruz que marca el punto más alto de las orillas del cráter.


Congelado, con la cara cortada por el viento y con las gafas empapadas por la humedad de la niebla, llegué al punto más alto que jamás había alcanzado: 3.976m. Nada del otro jueves, pero toda una experiencia.


Iniciamos la bajada entre piedras y "resbaladeros" de arena que facilitaban el ritmo... ahora sí, con un paso, avanzábamos tres. Nos cruzamos con gente del lugar que se dedica a subir y bajar las mochilas de gringos o aventureros comodones que prefieren dejar a otros el trabajo duro.


No era el mismo camino que hicimos el día anterior, pero sí tenía las mismas características... pasamos de la tierra suelta al bosque de pinos muertos entre tinieblas, con llovizna y frío. Después de los pajonales pasamos al bosque húmedo con helechos, y más tarde al bosque tropical con lianas.


La temperatura nos devolvió la vida, el calor y el oxígeno nos ayudaron en la bajada... haciéndonos olvidar la aventura antártica que habíamos vivido ahí arriba.


Cansados pero satisfechos, sabiendo que había sido duro pero no difícil. Retomamos el camino a casa con barro en las botas, con todas las mochilas empapadas y con la ilusión de regresar otro día para poder disfrutar de un amanecer despejado.






AB



pd. la foto es de Luis Pedro, de la subida del año pasado...