lunes, 10 de marzo de 2008

Mi colega Wilfred

A última hora del viernes surgió la posibilidad de irme con una iglesia evangélica a una aldea de Zacapa para hacer fotos de la entrega de ropa y productos de higiene... y me fui.

A las cuatro de la mañana salía de casa y cruzaba el parque central para llegar hasta la segunda avenida norte, donde Caminos tiene su sede.

La mitad del camino traté de recuperar horas de sueño, pero sin más.

Os podía contar muchas cosas, pero me quedo con dos: Wilfred, un enano de 3/4 años, con una de las sonrisas más simpáticas que recuerdo.

Me contaba cómo jugaba con su carro (un cochecito verde con pegatinas), mientras el resto pintaba y recortaba manos... En el reparto de ropa se llevó un pantalón vaquero para sustituir al que llevaba.. roto y deshilachado, Wilfred trataba de subirselo continuamente para que no se le viera el culillo.
Los botines le quedaban pequeños, aunque Lucas, un americano, intentó meterle el piececillo un par de veces.. la realidad se imponía y caminaba como si llevara tacones.

El resto de los niños jugaba, bebía fresco o esperaba a ver si al final del reparto tocaba la pedrea...
Él esperaba pacientemente a su padre entretenido con su cochecito. A lo lejos apareció un tipo envejecido en bicicleta, su padre. Lo montó en la barra, metió sus botines pequeños en la cesta y se despidieron hasta otra.

- En casa tengo otro carro de juguete..
- sí? de qué color?
- Como lo de arriba -decía mientras apuntaba con su dedo al cielo.
- Azul?
- Sí -afirmaba contrariado mientras se encogía de hombros dudoso.

La otra? Israel, el pastor. Me soltó el nombre de sus maestros evangélicos españoles, por si me sonaban.. me contó que trabaja la madera y la forja, pero que ahora está dedicado en exclusiva al ministerio. Su familia nos acogió en su casa, nos ofrecieron desayuno y almuerzo.. y una de esas experiencias siempre curiosas: subí al cocal de una de sus palmeras para bajar un racimo de cocos.. ;)))

Pertrechado con un machete, avancé escalera arriba y quebré el tallo... dejé caer el machete al suelo y maniobré sin ninguna destreza para que el racimo no cayera y evitar que los cocos se rompieran. Bajé con unos doce cocos, unas 75 libras me dicen (30 kilos) y disfruté del exótico jugo que surgió a golpe de machete. Bebí directamente el agua del coco y después Israel le pegó un tajo a la mitad para que me pudiera comer el moco del coco... rico, rico! ;)))

Cuatro horas de viaje de vuelta, carreras para hacer las fotos del último concierto de jazz que hacíamos en el atrio y cena estupenda con la gente que se había acercado desde la capital (Jorge, Pilar, Gema y compañía...).


AB



ps. me ha fallado ya tres veces lo de subir fotos.. solo me ha dejado colocar la primera! mañana os las subo, que me tengo que ir volando a francés!
ps2. ahí las tenéis!

viernes, 7 de marzo de 2008

"Tenemos que dejar de fingir que no somos parte de la naturaleza"

Acaba otra semana... hemos estado ocupados con el boletín mensual que, otra vez, va tarde... entre los ratos de dentista y otras historias, he estado poco centrado. Pero aquí os dejo la entrevista que sacamos este mes con Lucía Madriz. Ya me contáis! A ratos parece una entrevista de Cayetana Guillén Cuervo en "versión española"... pero es lo que hay!

En paralelo a TRANS, exposición del Centro Cultural de España en Guatemala sobre los diversos factores que influyen en la transformación de las culturas, Lucía Madriz montó una de sus instalaciones en el atrio del Centro de Formación.

Inspirada por cuestiones sociales y preocupada por la proliferación de las semillas transgénicas, trata de crear conciencia.

¿Por qué utilizas las semillas en tu intervención en el atrio del Centro de Formación?
LM: Llego a las semillas porque estoy interesada en cuestiones de pobreza, semillas transgénicas y soberanía alimentaria. Los problemas que tienen hoy día América Latina, África y Asia es que estas semillas transgénicas, no sólo no sabemos que efectos tienen sobre la salud, la biodiversidad, las tierras y los mantos acuíferos, sino que representa una dependencia del modelo económico que garantiza que los países no sean autosuficientes en términos de alimentación. Países como Guatemala o México, donde surgió la mazorca de maíz después de muchos años de cultivo, tienen que exportar un porcentaje bastante alto de Estados Unidos.

Son semillas que tienen derechos de autor, que garantizan que se acaben especies nativas, que la gente dependa económicamente de estos países y que las zonas rurales aceleren su empobrecimiento al tener tierras más ácidas y menos fértiles.

Me interesa hacer conciencia. Todas las personas tenemos responsabilidad en esto porque todos comemos, todos consumimos. Tenemos la responsabilidad de no desperdiciar, para empezar, de tratar de no contaminar, comer orgánico.. y sobre todo, lo que necesitamos. No sobrealimentarnos y ser conscientes de que nuestro paso por la vida no puede tener un impacto tan terrible.

El problema de la comida no es un problema económico, sino de voluntad.

¿Es este el objeto de toda tu obra?
LM: En realidad a mí me interesa la relación del individuo con la naturaleza: qué consumimos, qué comemos, cómo comemos... Yo misma estoy tomando conciencia sobre la importancia del uso racional de los recursos: el agua, la electricidad, el papel... qué clase de vínculos o fracturas, culturales o naturales, no nos permiten sentirnos parte de la naturaleza.

¿Por qué crees que nos pasa esto?
LM: Vivimos cubiertos por una capa de cemento que pensamos que nos aisla de todo lo demás: pensamos que no vamos a ensuciarnos, que no nos va a llover, que nada va a pasar... Este muro de concreto nos separa de lo que somos, evita que pensemos que vamos a envejecer o que vamos a morir.

¿Qué reacciones te encuentras en los que ven tu obra?
LM: Me gusta que la gente interprete mi obra a través de sus experiencias, porque todos hemos tenido experiencias con semillas, con plantas o con comida... Este es un espacio para que la gente recuerde, que recupere esos momentos de nostalgia porque es entonces cuando puede crearse otra vez el vínculo.

A veces la gente sufre mucho porque la pieza se va a destrozar... pero no, es buenísimo! Las cosas se acaban todos los días, todo acaba. En nuestra capita de cemento pensamos que las cosas están hechas para durar... pero no es así.

Tocar las semillas, estar en contacto con ellas, nos hace recordar que alguna vez, de chiquillos, sembramos un frijol en un poco de periódico y salió la mata... y que fue maravilloso! Tenemos que dejar de fingir que no somos parte de la naturaleza; pensamos que venimos al mundo envueltos en una bolsa plástica.



AB

miércoles, 5 de marzo de 2008

Ya huele a Semana Santa...

Es una de las frases más recurrentes en Sevilla cuando empieza la Cuaresma... te encuentras via crucis en cualquier esquina, empiezan novenas, quinarios, traslados... la ciudad recobra el aire antiguo de las velas y el olor penetrante del incienso.

En Antigua también va oliendo a Semana Santa... hay colgaduras y gallardetes morados en las ventanas, todos los fines de semana hay procesión, los viernes hay velación y todo el mundo habla de las procesiones que están por venir.

Pero a mi me vienen otros olores... otros recuerdos. Era la época en que llegaba del colegio a medio día y olía a roscos.. desde la calle podía apreciar ese olor a naraja y anís. Me encontraba al abuelo en el salón y a la abuela en la cocina delante de un lebrillo de barro cocido en la que amasaba la mezcla de huevos, harina, zumo de naranja, azúcar y demás ingredientes secretos de la abuela.

Mi hermana pequeña y yo nos abalanzábamos sobre ella para plantarle un par de besos y metíamos la mano en el lebrillo para probar un trozo de la masa aún cruda. A veces ayudábamos a darles forma a los roscos inventando nuevas formas (palitos, bolitas...) y otras veces nos dedicábamos simplemente a guarrear.

Recuerdo que iban al Viso a comprar harina especial para preparar los roscos.. salían ollas grandes, pequeñas, tuppers y cajas de galletas repletas de roscos para toda la famila: la tía Lola, los de arriba, los de abajo, el tío Manolo...

Los roscos de la abuela son míticos.. hasta Madrid también llegaron cajas de roscos! y hasta Wakefield, cuando fuimos a visitar a mi hermana Carmen.. Hubo hasta una caja de roscos que se perdió entre el servicio de correos de España o Italia cuando trataros de enviármelos a Milán... espero al menos que alguien pudiera probarlos!

Hace ya años que es Sofía la que tomó el mando de la cocina y el sabor no es el mismo. Es imposible tratar de conseguir el mismo resultado porque le falta el ingrediente principal: el cariño que le pone una abuela.

Hoy fue el día de hacer los roscos en casa.





AB

martes, 4 de marzo de 2008

El asesino no era el mayordomo...

Sigo acumulando experiencias en este país tan estupendo... las hay divertidas, curiosas y otras, las que menos, que son "feas"... ;))

Ayer tenía cita con el dentista... Con todo el cariño para mis queridos dentistas de cabecera (Victoria y Fernando), pero siempre he creído que es una profesión que se preocupa más por tu cartera que por tu boca... ;))

Acumulo ... uno, dos, tres, cuatro.. y creo que ayer fue el quinto! Del primero no me acuerdo, de Bersabé sí... maldito rufián! En Sevilla ahora tengo a la doctora Barco, que tiene mis respetos... Y en Madrid? Con Karina me fue bien, aunque no me hizo mucha gracia verla en la tele en el anuncio de Desensin o nosequé marca de dentrífico... Y Victoria también me trató muy bien (aunque no recuerdo que me hizo! ;)) Acumulo cinco dentistas que me han metido mano en la boca, y siempre pasa lo mismo: Barco criticó a Bersabé, Karina a Bersabé y Barco, Barco a Karina...

- Vaya, lo que tienes aquí está muy mal hecho... Sí, parece hecho con muy poco cuidado... El empaste no tiene relieve, te lo han hecho como el alcalde de Antigua repara las calles.. a las bravas!

- Además este composite no es un buen material, deberías hacerte incrustaciones.. es mejor. Al menos yo te lo haría con más cuidado.

- Y este nervio? No han terminado bien al endodoncia... queda algo de nervio en la raíz, tendremos que quitártelo.

- Puff, que mal te han hecho este relleno...

A quien piense que estaba haciéndome una revisión de todo el arco.. que se desengañe! Estamos hablando siempre del mismo objetivo: la primera molar inferior del lado derecho.

A la vuelta de Nicaragua noté que había perdido un trocito (mínimo) de un empaste que tenía ahí.. Pero según me contó don Jorge no se puede arreglar un empaste, sino que es necesario hacerlo de nuevo. Ok, hagamoslo entonces!

Pero surge otro problema: tienes fracturado el lado exterior de la muela... con el calor que te aplico durante el empaste puede saltar... Boh? Que hacemos?

Y de ahí a pasar cuatro horas sentado en el cómodo sillón de la consulta sólo hay un pequeño paso: Haga usted lo que tenga que hacer.

Así hizo; y así lo viví.

Resultado: una pequeña catedral gótica (una obra maestra!) en mi maltrecha muela al módico precio de 350€ (sí, don Jorge está en el ranking de los dentistas más caros de Centroamérica... pero la consulta es muy bonita.. ;))).

Aún me quedan un par de visitas!



AB

lunes, 3 de marzo de 2008

El disputado voto del señor Cayo

Ha sido complicado, pero ya he votado. No es que sea como para sentirse orgulloso, pero quiero pensar que al menos cumplo con mi parte de responsabilidad en este circo de la participación democrática, que ni es participación ni es democracia...

Pamplinas aparte, lo del voto me sirvió de excusa para hacer una visita a la capital este fin de semana. Pillé la camioneta a las once, después de ir al mercado a por tomates y sandías (que están riquísimas!) y llegué a la embajada como a las doce, doce y media.

El mundo es pequeño... y redondo.

Me recibió el jefe de seguridad de la embajada, un guardia civil simpático originario de Estepa (Sevilla) y que ha vivido ocho años en la esquina de Clara del Rey con Santa Hortensia... míticas calles de la Prospe.

Después de la charlita de rigor, entregué mi voto en la sección consular y fui a recoger a Gema.

Sábado: cañitas y fútbol.

La costumbre en Guate, como también pasa en España, es la de tomar unas cañitas y ver fútbol.. por el cambio horario, lo que allí es por la tarde.. aquí se hace a mediodía, pero se disfruta igual. Ya sabéis que a mi el fútbol me interesa lo mismo que el mundial de motos o el de F1... vamos, muy poquito.. pero si hay alguna cañita de por medio, aceptamos barco! ;))

Aproveché para comprar unas zapatillas en las tiendas que hay alrededor del Parque Central. En Antigua no encontré ningún 46.. pero en la capital tuve suerte! Las viejitas, pobres, que tenían aspecto de colador más que de zapatillas, las dejé abandonadas en la misma tienda que compré las nuevas...

Asador, café y paseo.

Después de las cañitas, nos fuimos al Asador Sara, ubicado en alguna esquina de las cuadras más cercanas al Parque Central. La carne, bien jugosa, se asa en una parrilla a la entrada del local, con vistas a la calle.

La comida fue estupenda, y la compañía también: además de Gema, estaban Neus&Xavi, Guimbo, Julien y Marco, un joven dramaturgo argentino de 31 años que prepara estreno en Madrid.. pero que vive en Guate por obligaciones conyugales.

Bien comidos, seguimos menguando y nos metimos en El Cafetalito, al encontrar cerrado el Café León. Mi visita de un día a la capital, gracias a la hospitalidad de Gema, se convertía en una de fin de semana... no había incluido el certificado del censo en el sobre del voto, así que se consideraría nulo! gggrrr!

Fuimos a Sophos, una de las mejores librerías de la capital, y paseamos por la Reforma camino de casa de Gema.

Tenía pensado acudir al asado que celebraba Marco antes de irse a España... hubiera estado bien! Pero la pereza, la falta de fondos ante la extensión de la visita y el "reflujo" del ajito y las cebollitas del asado del mediodía me recluyeron en casa, entre el skype (conexión Nica) y una película infumable (Tránsito).

Apaño.

Como suele pasar con los viejitos, a las nueve menos cuarto estaba ya en la puerta de la embajada para resolver lo del voto... Coincidí con tres monjas españolas que trabajan en un colegio en Chimaltenango y con un jesuita murciano que debe llevar aquí media vida.

"Es un sobre a mi nombre, lo buscamos y yo mismo meto el papel que falta". No costó mucho convencer a la persona que estaba al otro lado de la ventanilla para que me devolviera mi sobre y me dejara incluir el dichoso certificado.

De vuelta.

A las diez y media estaba de regreso en Antigua, con un par de cuates taxistas más, unas achuchones en la camioneta y un paseo matinal entre la llovizna que estristeció el amanecer en la capital.

El domingo, tranquilo en casa, lo dediqué a leer, pasear y tomar un zumo de naranja y zanahoria con David y Gema, que había venido aprovechando el jalón de Carlos, un fotógrafo chapín y amigo especial de la criatura.

Por la tarde, procesión de cuarto domingo de cuaresma y retirada.

Feliz semana,



AB