martes, 5 de febrero de 2008

Aventura chapina (y III): coche, castillo y pescaíto

El sábado amaneció nublado, hay que decir también que eran las 6.30 de la mañana, pero no parecía que el sol fuese a salir pronto... Después de un momento de reflexión en la hamaca, decidimos ir a disfrutar de las aguas claras del lago de Petén Itzá...

Es un lago tranquilo, con varios muelles de madera que facilitan el acceso al agua.. aunque no hasta la altura suficiente como para tirarte de cabeza, lástima! Podréis imaginar cómo puede ser un día soleado, con aguas turquesas y una cervecita... nosotros nos conformamos con la soledad del amanecer y con la calidez del agua. Insisto, soy un garbancito.

Este año, los Reyes Magos me obsequiaron con una estupenda cámara con carcasa acuática... aún no le he cogido el truco, me di cuenta además que debería haber apretado un botón para plano corto cuando ya estaba en el agua.. así que las primeras fotos no han salido muy bien, pero seguiré probando! ;))) Gracias mamá! y a las que participaron en la idea... ;)))

Sobre las ocho de la mañana, sin más alimento que un par de galletas que habíamos comprado el jueves después de arreglar la llanta del Piki, nos pusimos en carretera. Desde Flores hasta la ciudad, según me he cansado de escuchar, hay unas ocho horas de camino... toda una jornada! Afortunadamente, hay también paradas en el camino que merecen la pena.

El primer punto, tras el intento fallido de encontrarnos con María, paramos en Río Dulce para ver el Castillo de San Felipe. Como decía la guía azul de Isa: "parece de juguete" pero el original, no esta reconstrucción de 1955, sirvió de fortaleza para defender la entrada al Lago de Izábal, donde se concentraban los almacenes de víveres y productos con los que se comerciaba con Europa y América.

Recorrimos el castillo imaginando ataques piratas, ante la mirada atónita y divertida de algunos visitantes y la estupefacción de los más pequeños... ¿Qué estamos haciendo con nuestros niños, que ya sólo se interesan por El Enterrador, John Cena o Batista, amos de la lucha libre americana? ¿Dónde quedan esos que se ríen con las muecas? De qué me quejo... el viernes tuvimos ese público agradecido.
Antes de salir de Río Dulce nos tragamos un atasco bestial: un camión parado en sentido contrario, otro cargando gente como animales encasquetado de frente y varios carros parados, aparcados y tratando de salir del apuro.

Por la carretera hicimos una parada rápida para comprar un par de piñas en un puesto del árcen. Ricas, ricas, ya las he probado.

Llegamos como a las 15h a Mariscos, la parada estaba prevista en Playa Dorada, 4km más adelante.. pero la falta de indicaciones, el hambre y el cansancio aceptaron Mariscos como lugar estupendo para comer. Mientras preparaban la comanda de ceviche de pescado y camarones, nos dimos una vuelta por la orilla del lago.. aguas tranquilas, nítidas, azules, que reflejaban el límite montañoso de sus orillas. Ratito para disfrutar de la hamaca y de los últimos momentos del viaje.
Dejamos atrás más de 1.200 km recorridos, nosecuantas horas de coche, baches, árboles, camiones, gente caminando a oscuras, valles, montes, gasolineras, pueblitos, campos de maíz... eran las 20h de la tarde cuando llegamos a Antigua, tiempo justo para disfrutar de una cena chapina con frijoles, nachos, guacamole y plátano en mole y dormir profundamente para digerir tantas emociones.

Domingo? Desayuno chapín: huevos a la ranchera, frijoles, plátanos fritos y queso fresco; y traslado al aeropuerto.

Ahí acabó la aventura, la próxima será en Nicaragua!



AB

2 comentarios:

Anónimo dijo...

joooo, pedazo viaje os habeis pegado!! que envidiiiiaaaa...de la sana, por supuesto... Una pasada de fotos!! Habria que veros cambiando la rueda, jeje...
Un besazo

Anónimo dijo...

Con estas fotos dan unas ganas de ir para allá volando... Una pena esta vida de prisas que llevamos :-(
Espero que le vaya muy bien a Isa en Nicaragua!

Un abrazo,
Esther